Clásico para el olvido

Escrito por Mayela Montero

Por: Camilo Sánchez

Tengo orgullo de ser del norte, pero tengo una vergüenza enorme de este clásico.
La tierra de ensueño llamada Nuevo León vivió una edición más del derbi regiomontano. Dos de los equipos más importantes de la última época en México se enfrentaban en lo que se esperaba ser un partido excepcional.

Cabe recalcar que antes de comenzar el partido hubo mucha violencia fuera del Estadio Universitario. Mientras había una pelea en la avenida cercana al inmueble, un automóvil intentó atropellar a fanáticos de los Tigres, sin embargo estos huyeron a un estacionamiento; pero hubieron varios que se mantuvieron en la pelea. Al final de la “batalla” un aficionado felino quedó inconsciente en el pavimento y varios aficionados de Rayados le arrojaron piedras; cuando pasaron unos transeúntes, pudieron observar que dejaron desnudo y con una puñalada crítica al seguidor universitario. Aquí se derrocha la “pasión” que según muchos sudamericanos, debe existir en un clásico.

Ya en el juego, el arbitro Jorge Antonio Pérez Duran daba el pitazo inicial y por fin comenzaba el espectáculo.
La barra de los “Libres y Lokos” y la afición en general estaban encendidas como ya acostumbran, sin embargo, en la primera mitad lo que sucedía en la cancha no respaldaba a la tribuna.
Tigres jugaba sin ideas, al pelotazo y manteniendo el balón mucho en la zona baja; siendo el equipo con mayor posesión en esta parte del partido. Y a pesar de no tener claridad en su ofensiva, fue el que más llegadas “importantes” tuvo, destacaban Gignac y Julián Quiñones.

Rayados no sabía mantener la bola por mucho tiempo, pero pensaba “mejor” las jugadas, aunque éstas fueron escasas. Muchos jugadores importantes en ausencia, que no estaban en el partido no por no haber sido convocados, sino por su irrelevancia dentro de la disputa, uno de ellos fue Rogelio Funes Mori. El primer tiempo culminó con una mitad de juego muy aburrida.

Al inicio de la segunda parte hubo una mejor propuesta por parte de Tigres, se mostró más ordenado y con mayores ganas de atacar, pero que le serviría para nada y para nada, ya que Ferreti sacó a Gignac ingresando a un elemento de la zaga.
Monterrey por otra parte fue casi en su totalidad un sistema defensivo poco pulcro y con una portería muy bien resguardada por Marcelo “Trapito” Barovero; destaca una súper-atajada a Juninho, que por cierto se fue expulsado al minuto 78 en lo que pudo haber sido su último clásico regiomontano.

El referee anunció la conclusión del partido y los espectadores hicieron la acción correcta, silbar a todo pulmón ante los jugadores que mostraron un nivel paupérrimo y con una mentalidad mediocre. Es triste que este clásico será recordado por los actos salvajes que sucedieron fuera del recinto, más que por las representaciones en la cancha. Nada más que decir… clásico pedestre.


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